—Estoy en casa —le avisó a su marido del otro lado de la línea.
—¿En dónde estabas, si se puede saber? ¿De verdad te tomó tanto tiempo llegar? —La voz de Dimitri sonó tensa, filtrada por la estática de la distancia.
—El carro se me quedó varado en… —intentó cambiar de tema, con la mirada fija en el suelo de la entrada.
—¿Quién fue por ti? —Dimitri no era ningún tonto. Minutos antes le había marcado a su suegro y no le causó ni tanto asombro darse cuenta de que él ni siquiera sabía lo del carro