Alán encendió un cigarrillo con un chasquido seco del encendedor. Abrió apenas un poco la ventana para dejar salir el humo denso y, de reojo, notó la rigidez en la postura de su acompañante, marcada por un ceño fruncido de desaprobación.
—¿Qué crees que haces? —preguntó ella de inmediato, con la voz cargada de fastidio.
—¿Qué? ¿Ahora eres la policía del medio ambiente? —Él le dio una nueva fumada al cigarrillo, mientras la brasa roja iluminaba por un segundo la penumbra.
—No puedes fumar aqu