Lena regresó al departamento media hora antes de lo previsto. La justificación que dio fue que su bebé todavía era muy pequeño para estar tanto tiempo sin ella.
Al cruzar la puerta, la recibió un silencio absoluto, denso y pacífico. Avanzó a pasos cortos hacia la habitación principal y descubrió al bebé sobre la cama matrimonial, sumido en un sueño profundo.
“A esa edad solo comen, cagan y duermen”, le había dicho Lía en un intento por hacerla quedarse otro rato más. Era la pura verdad. Pero