Luego de un rato de convivencia en el piso de arriba, Alán y Lena bajaron al otro departamento.
El trayecto en el ascensor transcurrió en un silencio denso; el joven empresario se veía bastante serio, con la mirada fija en el tablero digital y el cuerpo rígido, completamente ensimismado en sus propios pensamientos y en los celos absurdos que el comentario de Giovanni le había provocado.
Al entrar a la propiedad, el eco de sus pasos sobre el suelo rompió la quietud. Lena dejó el bastón apoyado