Lena apretó con un poco más de fuerza la esponja entre sus dedos, hasta que el agua tibia escurrió entre sus nudillos.
Se dijo mentalmente que no fuera ridícula; no era el momento ni el lugar para fantasías absurdas. No estaban a punto de grabar una escena de película porno. La realidad era cruda, fría y real: su marido estaba hospitalizado por una herida de bala provocada por un mafioso sádico.
Perdió bastante sangre durante el traslado y su vida pendió de un hilo hace cuatro días, así que