Capítulo 129

Alán se encerró en su oficina. Los dedos golpeaban el escritorio sin ritmo. La inquietud le recorría la espalda como un escalofrío.

El empleado encargado del casino lo llamó minutos después.

—Señor Montoya, todo está bajo control. Los bomberos ya se fueron. No hubo heridos.

—¿Daños?

—El cuarto trasero quedó inservible. Pero no afectó la estructura principal.

Alán cerró los ojos un segundo.

—Bien. Manténgame informado.

Colgó. Tomó el teléfono personal. Le escribió a Lena:

"No podré verte hoy. Te
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