Lena se levantaba en intervalos de cuarenta minutos para ver que todo estuviera bien con Marcus. Cada que lloraba, lo mecía en brazos, le cambiaba el pañal con movimientos precisos y soñolientos. Lía seguía dormida en la habitación, ajena al vaivén del bebé.
Alán la observaba desde el sofá. Cada vez que se incorporaba, él entreabría los ojos. La veía moverse con una paciencia que no sabía que ella tenía.
En una de esas vueltas, cuando Lena volvió a acurrucarse en el sofá, Alán la atrajo hacia é