El café de la Quinta Avenida olía a granos tostados y a dinero viejo. Era territorio neutral. Suficientemente público para evitar una escena, pero lo bastante caro para garantizar privacidad.
Me senté en el reservado del fondo, de espaldas a la pared. Un viejo hábito: siempre necesitaba ver la salida, siempre necesitaba controlar el entorno. Especialmente hoy, cuando sentía que el suelo bajo mis pies estaba a punto de agrietarse.
Aria estaba a mi lado. Su mano descansaba sobre su vientre, un ge