Noah
Cruzó la puerta y olvidé cada palabra que había planeado.
Habían pasado cuarenta y ocho horas desde que se fue. Dos días de un silencio en el penthouse que se sentía más fuerte que una zona de construcción. Dos días de mirar el lugar vacío en el sofá donde ella solía acurrucarse con su té.
Pasé esas cuarenta y ocho horas aprendiendo una dura lección: prefería estar vulnerable y aterrorizado que seguro y solo.
Estaba de pie en el centro de la sala. Se veía... diferente. Había enviado al per