La luz azul de los archivos encriptados se reflejaba en los ojos de Marcus, volviéndolos fríos y distantes.
Eran las tres de la mañana. Estábamos de vuelta en la sala de control de NeXus. La bruma romántica de mi propuesta de matrimonio se había disipado, reemplazada por la brutal realidad de una guerra corporativa. Aria dormía en el ático, con el anillo en su dedo y nuestra hija en su vientre, protegida en la burbuja que yo mismo había construido.
Pero fuera de esa burbuja, los lobos estaban a