—Sabes que quiero ir por él y romperle la nariz, ¿cierto?—
—Lo sé, pero si realmente me consideras importante como dices... no hagas una locura. ¿Me lo prometes?—
Asiento, aunque no muy convencido.
—Vayamos a la cama... el bebé quiere dormir.—
La cargo en mis brazos, y una sonrisa ladeada asoma en mis labios.
—Tienes una manera muy linda de convencerme cuando hablas así de nuestro hijo.—
La deposito en la cama y me dirijo al baño. Al regresar, me acomodo a su lado y nos quedamos mirándono