Capítulo 86.
Pasaron las horas interminables dentro del frío hospital. La tormenta de nieve afuera parecía haberse calmado, pero la tormenta en el corazón de Dante apenas comenzaba.
Finalmente, una enfermera le indicó que los sedantes habían disminuido su efecto.
Dante caminó por el pasillo blanco y empujó la puerta de la habitación con extrema lentitud. Fue a ver a Elena por un momento, temiendo lo que encontraría.
Al entrar, la luz tenue iluminaba el rostro pálido de la mujer que amaba. Ella estaba despie