Capítulo 63.
El silencio que siguió a esa declaración fue aplastante. Solo se escuchaba el crepitar de la leña en el fuego.
Klaus se dejó caer de nuevo en el sofá y se cubrió el rostro con las manos, respirando entrecortadamente.
El imperio Vontobel, la seguridad que había conocido toda su vida, acababa de desmoronarse frente a sus ojos.
Heinrich, viéndose descubierto, decidió abandonar la fachada de inocencia y adoptó una postura fría, revelando al verdadero monstruo egoísta que llevaba dentro.
—Lo hice pa