Capítulo 64.
Había pasado una semana entera en la que Charlotte no se despegó ni un solo segundo de Dante.
Desde que él había aceptado las condiciones del chantaje en la oficina de Karl Hoffmann, ella se había instalado prácticamente en la mansión Vontobel de Zúrich, marcando su territorio como una fiera.
Esa mañana, el sol se filtraba por los inmensos ventanales del comedor principal, pero para Dante, el día era tan oscuro como la noche.
Estaba sentado a la cabecera de la mesa, vestido con un traje de tres