Capítulo 45.

El trayecto hacia Ginebra se sentía como una marcha forzada. A pesar del aire frío que bajaba de las cumbres nevadas, el cuerpo de Elena empezó a sudar.

Era una mezcla de malestar físico y esa ansiedad que no la dejaba respirar desde que salieron de la mansión. Se sentía atrapada en ese asiento de cuero, bajo la vigilancia constante de Dante.

—Por lo visto, yo no tengo voz ni voto en mi propia vida —protestó Elena, rompiendo el silencio denso que llenaba el auto.

La frase pareció calar hondo en
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