Capítulo 34.
Cuando Dante cruzó el umbral de la mansión, el silencio lo recibió como una bofetada. Esperaba encontrar a Elena, tal vez esperándolo con esa mirada llena de reproches o incluso con un grito, pero la casa estaba vacía de su presencia.
—¿Dónde está ella? —le preguntó a uno de los guardias con la voz cargada de una fatiga que ya no podía ocultar.
—Salió hace una hora hacia la clínica, señor. Dijo que pasaría la noche con su padre.
Dante sintió el impulso visceral de subir de nuevo al auto, ir por