Capítulo 21.
Los días en la clínica privada pasaban como una película lenta y borrosa. Elena había perdido la cuenta de cuántas veces el sol se había ocultado tras los ventanales de la unidad de cuidados intensivos.
No se había movido de aquella silla incómoda al lado de la cama de Dante, ni siquiera cuando sus propios pies empezaron a hincharse por el embarazo o cuando las enfermeras le rogaban que fuera a comer algo.
—No me voy a ir —repetía ella cada vez, con la voz vacía—. Él no me dejó sola cuando yo e