Capítulo 20.
El sonido del televisor se convirtió en un zumbido extraño que le taladraba los oídos.
Elena seguía de rodillas, con los ojos fijos en la pantalla donde las llamas devoraban lo que quedaba de la vieja fábrica.
El periodista seguía gritando, las sirenas no paraban de sonar y el mundo parecía haberse detenido justo en ese instante de horror.
—No puede ser... él no —susurró Elena, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones.
Hacía apenas unas horas, Dante le había besado la frente. Podía