Capítulo 22.

El hospital se sentía distinto esa mañana. Aunque las máquinas seguían ahí, el aire ya no pesaba tanto.

Dante llevaba dos días consciente, y aunque los médicos le habían ordenado reposo absoluto, todos en la clínica sabían que mantener a un hombre como él quieto era una misión imposible.

Elena entró a la habitación con una bandeja de frutas y un poco de té. Se había bañado y cambiado de ropa, y aunque las ojeras todavía se le notaban, el brillo en sus ojos era otro.

Se detuvo en la puerta al ve
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