Siempre me jacté de mi resistencia sobrehumana. En la facultad, me apodaron "El Motor" porque podía sobrevivir a guardias de treinta y seis horas solo con café negro, una voluntad de hierro y pura arrogancia. Pero hoy, mientras miraba mi reflejo en el espejo del baño a las cinco de la mañana, me di cuenta de que un bebé de dos kilos y medio es un enemigo mucho más letal que cualquier turno de urgencias.
Isabella había decidido que el horario de 1:00 a. m. a 4:30 a. m. era el momento perfecto pa