Trece semanas. El famoso "segundo trimestre", ese idílico oasis del que todos los libros de obstetricia hablan donde, supuestamente, las molestas náuseas matutinas desaparecen por completo y recuperas de golpe toda tu energía vital. Bueno, en mi caso, mis náuseas efectivamente se habían ido para no volver, pero habían sido reemplazadas de inmediato por algo muchísimo más peligroso y difícil de gestionar: un deseo voraz, punzante y absolutamente inoportuno por mi propio marido —por estricto cont