—¿Seis puntos de sutura? ¿En serio, Zoe? Podrías haberte movido tres ridículos centímetros hacia la izquierda y nos habríamos ahorrado por completo todo este denigrante espectáculo —la voz de Ian retumbaba con fuerza en las cuatro paredes del pequeño cubículo de curas, cargada de esa densa mezcla de alivio, adrenalina residual y una furia contenida que solo él sabía proyectar con tanta precisión.
Yo estaba sentada cómodamente en el borde de la camilla, con el hombro izquierdo completamente desc