El olor penetrante a antiséptico industrial me devolvió a la cruda realidad antes de que pudiera ser capaz de abrir los ojos por completo. Me sentía flotar en una densa neblina de absoluto agotamiento físico, pero el calor sofocante de una presencia excesivamente cercana me puso de inmediato en estado de alerta. Abrí los párpados de forma lenta y me encontré de frente con el techo blanco e impecable de una habitación privada en la planta ejecutiva. Sentado a mi lado, con la rigidez geométrica d