Soportar una semana entera la asfixiante presencia de Leticia Ashford paseándose por el hospital como si ya fuera la dueña absoluta del edificio debería convalidarse legalmente como un doctorado avanzado en gestión de tortura psicológica. Cada una de sus no tan sutiles indirectas dirigidas al personal sobre el perfecto encaje de su vestido de novia, la rigurosa lista de invitados de "clase A" para la boda y el destello obsceno de su diamante de compromiso era una aguja afilada clavada directame