Cordelia
—Aún estamos a tiempo —murmuró mirando a Zeiren.
—Ni se te ocurra.
Kael asintió, aceptando mis palabras sin intentar defenderse.
—Estoy aquí para disculparme. —Se acercó un par de pasos, pero se detuvo cuando lo fulminé con la mirada—. No sabíamos quiénes eran. Solo supimos que alguien había entrado en nuestro territorio. Es mi deber protegerlo.
—¡Protegerlo! —espeté, alzando la voz mientras volvía a escurrir el trapo en el tarro de agua—. ¿Y protegerlo significa atacar a quien sea sin