La mansión de Thomas se había convertido en un taller de costura improvisado. Anika caminaba de un lado a otro con una lista en la mano, señalando aquí las flores, allá los centros de mesa, más allá las sillas que no estaban alineadas. El vestido blanco colgaba en la habitación de invitados, y los anillos descansaban en una caja de terciopelo sobre la mesa de la sala. Todo estaba listo. Todo perfecto. Todo según lo planeado.
—Las flores tienen que ser blancas —dijo Anika, con la voz que ya no f