CAPÍTULO 117: La visita incómoda

El sol de la mañana entraba por los ventanales de la habitación del hospital, pintando las paredes de un tono blanco que dolía a la vista. Anika estaba acostada en la cama, con una vía en el brazo, el suero goteando lentamente. Los monitores marcaban los latidos de su bebé con un pitido rítmico que parecía contar los segundos de su condena. Llevaba dos días hospitalizada. Las contracciones habían cesado, pero el médico quería asegurarse de que todo estuviera bien antes de darla de alta. Thomas
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