La habitación del hotel estaba en penumbras. Una luz tenue entraba por los ventanales, pintando las paredes de un gris que parecía pesar sobre todo. Las flores blancas adornaban la mesita de noche, y los pétalos de rosa esparcidos sobre la cama despedían un aroma que a Thomas le resultaba empalagoso. Todo estaba preparado para una noche de bodas. Todo perfecto. Todo vacío.
Anika estaba sentada en el borde de la cama, con el cabello suelto cayendo sobre los hombros, el vestido blanco ya cambiado