Miami se había convertido en el escenario de una nueva historia. Las semanas pasaron, y con ellas los días se fueron llenando de pequeños rituales que Lenna no sabía que necesitaba. Las mañanas comenzaban con el aroma del café que Juan Diego preparaba en la cocina mientras ella aún dormía. Las tardes, con paseos lentos por la playa, con los pies descalzos sobre la arena húmeda, con una mano en el vientre y la otra en la de él. Las noches, con conversaciones que se alargaban hasta que las estrel