El Gran Hotel brillaba como un palacio de cristal. Las arañas de luces colgaban del techo como cascadas de diamantes, y las flores frescas cubrían cada mesa con un tapiz de colores que parecía sacado de un sueño. Los invitados llegaban en autos negros que se detenían uno tras otro frente a la entrada alfombrada, y los flashes de los fotógrafos iluminaban la noche como tormenta de estrellas.
—¿Viste esto? —murmuró una mujer de vestido plateado, tomando una copa de champán de una bandeja—. Dicen