CAPÍTULO 42: Lo que no puedo de

La habitación del hospital olía a desinfectante y a silencio. Thomas estaba sentado junto a la cama de su padre, con la cabeza apoyada en el respaldo de la silla, los ojos cerrados, el cuerpo agotado. El señor dormía profundamente, los monitores marcando sus latidos con una regularidad que por fin sonaba a tranquilidad. La operación había sido un éxito. Su padre iba a vivir. Y ella... ella se iba.

El teléfono vibró en su bolsillo. Lo sacó con manos lentas, sin ganas de hablar con nadie. El nomb
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