La noche había caído sobre la mansión de Thomas como un manto de terciopelo negro. Las estrellas brillaban en el cielo, pero su luz no lograba penetrar los ventanales de la sala donde la familia cenaba en una calma tensa. Thomas estaba en la cabecera de la mesa, con el bebé en su silla especial a su lado. Anika estaba frente a él, con la mirada perdida en el plato, la comida enfriándose. La señora, la madre de Thomas, estaba a su derecha, sirviéndose vino. El señor, a su izquierda, masticaba le