La mañana siguiente, Juan Diego se levantó temprano. El sol apenas comenzaba a asomar cuando ya estaba vestido, con un traje impecable y el cabello peinado hacia atrás. Besó a Lenna en la frente, acarició la cabeza de Diego, y salió de la casa con paso firme. Hoy tenía que ir a la sede de la empresa. Necesitaba ponerse al día con los proyectos que había dejado pendientes durante su ausencia.
El edificio era imponente, de cristal y acero, con vistas al mar. Los empleados lo saludaban al pasar, c