La noche aún no se había terminado de asomar cuando el taxi se detuvo frente a la casa de los padres de Lenna. El cielo comenzaba a oscurecer, pintando el oriente de tonos naranjas y rosados. El viaje había sido largo, pero la emoción de llegar lo mantenía despierto, con el corazón latiéndole con fuerza. El motor se pagó y bajó del taxi, y estiró los brazos hacia el cielo. El aire fresco de la mañana le dio en la cara, y sonrió. Estaba en casa.
Abrió la puerta trasera del taxi. El asiento estab