La madrugada aún no se había ido cuando Thomas bajó las escaleras de la mansión. El sol comenzaba a asomar detrás de los árboles, pintando el cielo de tonos naranjas y violetas. No había dormido bien. La pesadilla de dos bebés lo perseguía. Uno muerto en sus brazos. El otro apagándose como una vela. Y las palabras de Anika resonaban en su cabeza como un eco que no se iba. El bebé de Lenna es muy pequeño. Es de Juan Diego.
Pero necesitaba saberlo con certeza. Necesitaba verlo con sus propios ojo