En medio del aturdimiento, Mariana sintió que alguien la levantaba con fuerza. Al levantar la cabeza, sus labios rozaron suavemente la mejilla del hombre, como una corriente eléctrica que recorrió todo su cuerpo, dejándolo paralizado.
Mariana tragó saliva nerviosamente y, por instinto, rodeó el cuello del hombre con sus brazos antes de bajar la cabeza.
Abril llegó a toda prisa y, con preocupación, le recordó: —¡Walter, lleva a Mari al hospital para que le curen las heridas!
Walter volvió en sí y