Sin embargo, Jimena agarró bruscamente el brazo de Mariana y le preguntó: —¿Estás contenta ahora?
Mariana tuvo que detenerse y mirarla, pensando para sí misma: «No es de extrañar que Walter se haya enamorado de ella, hasta sus preguntas son iguales.»
—¿Tantas ganas tienes de ver mi desgracia, verdad? —insistió Jimena, mirándola con odio y rechinando los dientes.
Mariana le apartó la mano sin miramientos y respondió: —Engañar a la abuela con un loto nevado falso ya está mal en sí. Si temes que te