—¿Solo con unas agujas has logrado salvar a nuestro Nicolás? —dijo la mujer, incrédula.
Mariana asintió. La mujer frunció el ceño y, en ese momento, los dos hombres que estaban bebiendo en la mesa también comenzaban a despertarse.
La mujer de mediana edad la miró de arriba abajo. ¿De dónde venía esta mujer? Había visto que incluso las pastillas que ella había dado no eran de las que se venden en las farmacias, sino que venían en una botella especial.
—¿Qué hacemos con las agujas? —Pera señaló la