Con sus habilidades, si el anciano hubiera trabajado en Yacuanagua, también habría sido una figura importante. La conversación se alargó hasta bien entrada la noche y ni siquiera tuvieron tiempo para almorzar.
Alrededor de las seis, Yael interrumpió: —¿Vamos a salir a cenar? Ya he reservado mesa.
Mariana miró la hora y, sintiéndose un poco avergonzada, sonrió a Hugo. —Profesor, mira lo que he hecho. Solo de charlar contigo, ¡me olvidé de comer!
—Es que conectamos bien —Hugo no era muy hablador e