—¿Siempre son tan arrogantes estas personas? —se preguntó Mariana.
Yael asintió. —Esto no es nada. Hay quienes incluso te escupen.
Comparado con mostrar el dedo medio, escupir es mucho más asqueroso. No les importa si están sucios o si tienen problemas.
Mariana frunció los labios. —¿Por qué está todo tan desordenado aquí? ¿Acaso nadie hace nada?
—Sí, hay quienes intentan controlar, pero no pueden. Hay demasiados vagabundos. La ciudad es tan grande y la gente tan numerosa que no se puede revisar