Si Mariana venía esta noche, significaría que aún había esperanza para él.
Walter suspiró, frotándose las sienes; ya se sentía exhausto.
Los problemas recientes en la empresa, junto con lo de su abuela, se sentían como una pesada losa sobre su pecho, dificultando su respiración.
Sus ojos se posaron sobre la mesa de centro, donde había una caja de joyas.
Era el regalo que quería darle a Mariana.
De repente, alguien llamó a la puerta.
Walter se sorprendió; el camarero acababa de servirle más bebid