Cuando Walter vio a la persona en la puerta, su corazón se hundió un instante.
Una mezcla de sorpresa y desconsuelo lo invadió.
Sorpresa porque ella había llegado, y desconsuelo porque, por fin, se había presentado.
Walter nunca había esperado a nadie con tanto anhelo como a Mariana, quien era la única que deseaba estar a su lado con tanta intensidad.
—¿Sabías que vendría? —preguntó, con la voz baja y rasposa, como si le doliera.
Mariana lo miró, sus ojos reflejaban calma.
Los ojos de Walter est