Mariana observaba la cantidad de datos que aparecían en la pantalla, mientras su mirada se perdía por la ventana.
Su asistente la llamó varias veces, pero parecía no escuchar.
Finalmente, el asistente se acercó y, con preocupación, preguntó: —¿Directora, te sientes bien? ¿Quieres que regresemos a descansar?
Al escuchar su nombre, Mariana volvió en sí y negó con la cabeza, indicando que no había nada que la incomodara.
Se frotó las sienes y le dijo: —Tú sigue revisando los datos, yo iré a sentarm