En la universidad, siempre le pedía a Jimena un latte. Era su favorito.
—No puedo creer que estés dispuesta a verme —Jimena parecía sorprendida.
Su tono era calmado, y su rostro no mostraba ninguna emoción.
Desde que todo esto había sucedido, parecía como si su alma se hubiera desvanecido, sin un atisbo de vitalidad.
Mariana tomó un sorbo de café y, alzando la vista hacia ella, sonrió: —¿Te das cuenta de que no eres muy querida?
Jimena guardó silencio.
No decía nada, solo miraba fijamente a Mari