El ambiente en el coche era un poco extraño.
Mariana miraba por la ventana en silencio, mientras él conducía despacio, sin apurarse.
Mariana le lanzó una mirada de soslayo, sintiéndose impotente. —Voy a llegar tarde.
Walter levantó la vista y asintió, acelerando un poco, pero solo un poco.
Mariana, con los brazos cruzados, lo miró descontenta. —¿Tienes algo que decir?
Él asintió. —Sí.
Mariana frunció el ceño, esperando que continuara.
Si tenía algo que decir, que lo dijera de una vez.
—Yo... —él