Jenny
Con mucho sufrimiento me senté a la mesa y la maldita oxigenada me colocó frente a Esteban. En cada momento nos miraba, como queriendo comprobar algo. Antes podría pensar que sería una locura, pero me temo que ella sospecha lo que pasó entre nosotros. O quizás es solo molesta y es mi conciencia la que me condena.
—¿Volverás a sorprendernos con un nuevo vestido el día de mañana? — pregunta Milena.
—No lo creo posible, debo regresar a Bogotá esta noche, tengo clases mañana— le informo, mien