Disfrutando de la vista, llegamos al muelle. El yate a simple vista se veía impresionante, jamás en mi vida creí que llegaría el día en que pusiera un pie en uno de esos. Al subir, lo primero que veo es a su madre, hablaba con un hombre joven de manera muy amena. ¿Quién podría ser?
—Qué bueno que te animaras a acompañarnos, querida. Luces divina —dice con amabilidad, dejando un beso en la mejilla, cosa que no me creo mucho después de que insinuara que soy una arribista por acompañar a su hijo.