La idiota se atrevió a abofetearme, sin sospechar que antes de que vuelva a respirar, recibiendo una fuerte caricia de mi parte, en su perfecta cara de ángel.
— La próxima vez que pienses siquiera en tocarme, te mataré— le digo muy enojada, mientras la gata se calma—No sé lo que tus ojos hayan visto, o lo que cabeza enferma este creando en este momento. Pero te dejaré algo bien claro. Tu futuro esposo no me interesa.
—No es lo que dicen tus celos— menciona tocándose la mejilla.
—Es tan triste q