Perspectiva de Sabrina
Cuando aterrizamos, Ana ya me esperaba en la pista, sonriendo como cuando éramos niñas y nos colábamos en la oficina de nuestra madre.
—Ay, cuánto te extrañé, cariño —susurró, envolviéndome en sus brazos.
Su abrazo fue fuerte, familiar y reconfortante. Luego levantó a Ely, cubriéndola de besos en las mejillas.
—¡Y Ely! ¿Extrañaste a tu tía?
—¡Te extrañé! —rio Ely, abrazando el cuello de Ana.
Sonreí, al igual que ellas.
Y en ese momento, todo se sintió bien.
…
—¡La señorit