Ella me hace a un lado, lejos de los ojos curiosos de la multitud nocturna. Su agarre es firme, pero su tono es todo calidez y amor duro.
"Detén eso. No necesitas un hombre como él en tu vida. Ahora respira hondo y pon esos nervios, nena".
"Tienes razón. Lo sé". Limpio las pocas lágrimas perdidas que se deslizan por mis mejillas. "Los cuentos de hadas pertenecen a los libros. Lo tengo".
Una sonrisa amable suaviza los pliegues de su cara forrada de maquillaje, y los años que intenta esconderse c